Capítulo 5
La
pared quedaba a dos pasos a su espalda, el pomo redondo se resbalaba de su
mano, mientras el arma quedaba colgando unos centímetros tras su pierna
derecha.
La
puerta abría en dirección a Sepulturera, parecía que hacía mucho que no habían
echado aceite en los goznes, provocando un agudo chirrido que alertó al no
muerto que aguardaba en el interior de la estancia. Antes de que pudiese abrir
la puerta, el no muerto se encontraba ya a menos de un paso de Sepulturera, y
la pared a menos de dos de su espalda, huir no era una opción.
El
cadáver mantenía sus brazos alzados, dejando a la vista un estómago casi vacío,
debido a que sus intestinos colgaban rozándose con el pantalón corto y ajado
que posibilitaba la visión de un fémur y rótula al aire en la pierna izquierda
del zombi.
Tambaleante,
el no muerto se mantenía erguido, con la boca chasqueante.
Sepulturera
actuó, movimientos consecutivos y gráciles, como un baile, que le permitieron
acabar con la amenaza. Una rápida sucesión: primero soltar el arma, acortar la
distancia, agarrar el brazo izquierdo, mantener el talón izquierdo apoyado en
el suelo mientras giraba para dar la espalda a su agresor, agacharse y lanzar.
El zombi cayó al suelo con un sonido sordo, de sangre seca y huesos rotos. Mientras
Sepulturera había efectuado la llave, también levantó su vestido hasta
colocarlo encajado entre su muslo y un fajín repleto de dagas, vació uno de los
huecos y descargó la daga contra el ojo izquierdo de aquel ser. El combate
había terminado en menos de treinta segundos.
Sepulturera
limpió la daga en la camiseta rasgada del cadáver y lo guardó en su hueco. Se
bajó el vestido y lo alisó con una mano mientras con la otra guardaba la pala a
la espalda.
Cuando
se giró reconoció la habitación, era un simple almacén, mediría unos 10 metros
cuadrados y tenía un techo bajo, una de los paneles estaba desencajado, por lo
que debía ser un falso techo.
Sepulturera
entró e inspeccionó el lugar, varias estanterías estaban todavía repletas de
latas de comida, pero todas demasiado caducadas para poder ser comestibles.
Divisó al fondo de una de ellas dos botellas de agua, todavía sin abrir, que se
habían caído por el agujero existente entre las baldas y la pared, por lo que
seguramente pasaron desapercibidas para los anteriores saqueadores.
Un
pequeño ruido alertó todos los instintos de Sepulturera, dejó de buscar
provisiones para atender aquel tenue sonido. La respiración entrecortada y
espasmódica, inconfundible en un llanto. Sepulturera comenzó a buscar,
alterada, un ser humano, hacía demasiado tiempo que había encontrado a otro tan
vivo como ella, pero no lo encontraba por ningún lado. El almacén no era tan
grande para que pudiese esconderse de ella, pero aun así no lograba
encontrarlo: detrás de las estanterías, tiraba los armarios, empujaba cajas y
abría las que estaban cerradas, barriles, esquinas, nada… Sepulturera salió del
almacén y volvió a recorrer la tienda por completo, no le importaba el ruido,
quería encontrar el origen del llanto.
Varios
no muertos fueron atraídos por el sonido de las estanterías y armarios
derribados, cristales pisados y un ser vivo en movimiento. Poco a poco, todos
los cadáveres andantes de la calle se aglomeraban en las cercanías del
ultramarino donde se encontraba Sepulturera. Retrocedió de nuevo hasta el
almacén y cerró la puerta, encajando un armario cercano. Seguía oyendo el
llanto, pero Sepulturera prestaba más atención a los ruidos que podrían oírse
desde el exterior, si conseguía aguantar allí dentro lo suficiente para que los
no muertos perdiesen el interés por el nuevo sonido, conseguiría sobrevivir un
día más.
Me gusta mucho la historia, encgancha :)
ResponderEliminarMuchas gracias *^·^*
EliminarSepulturera que grande es!! me mola cantidubi ^^ Tengo 1 dudilla...
ResponderEliminar1- También levantó su vestido hasta colocarlo encajado entre su muslo y un fajín repleto de dagas (colocarlo y encajado junto no te queda raro?)
A mi personalmente no, por eso lo he puesto jajaja
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