20 ago 2014

Almas Errantes

Capítulo 5
La pared quedaba a dos pasos a su espalda, el pomo redondo se resbalaba de su mano, mientras el arma quedaba colgando unos centímetros tras su pierna derecha.
La puerta abría en dirección a Sepulturera, parecía que hacía mucho que no habían echado aceite en los goznes, provocando un agudo chirrido que alertó al no muerto que aguardaba en el interior de la estancia. Antes de que pudiese abrir la puerta, el no muerto se encontraba ya a menos de un paso de Sepulturera, y la pared a menos de dos de su espalda, huir no era una opción.
El cadáver mantenía sus brazos alzados, dejando a la vista un estómago casi vacío, debido a que sus intestinos colgaban rozándose con el pantalón corto y ajado que posibilitaba la visión de un fémur y rótula al aire en la pierna izquierda del zombi.
Tambaleante, el no muerto se mantenía erguido, con la boca chasqueante.
Sepulturera actuó, movimientos consecutivos y gráciles, como un baile, que le permitieron acabar con la amenaza. Una rápida sucesión: primero soltar el arma, acortar la distancia, agarrar el brazo izquierdo, mantener el talón izquierdo apoyado en el suelo mientras giraba para dar la espalda a su agresor, agacharse y lanzar. El zombi cayó al suelo con un sonido sordo, de sangre seca y huesos rotos. Mientras Sepulturera había efectuado la llave, también levantó su vestido hasta colocarlo encajado entre su muslo y un fajín repleto de dagas, vació uno de los huecos y descargó la daga contra el ojo izquierdo de aquel ser. El combate había terminado en menos de treinta segundos.

Sepulturera limpió la daga en la camiseta rasgada del cadáver y lo guardó en su hueco. Se bajó el vestido y lo alisó con una mano mientras con la otra guardaba la pala a la espalda.
Cuando se giró reconoció la habitación, era un simple almacén, mediría unos 10 metros cuadrados y tenía un techo bajo, una de los paneles estaba desencajado, por lo que debía ser un falso techo.
Sepulturera entró e inspeccionó el lugar, varias estanterías estaban todavía repletas de latas de comida, pero todas demasiado caducadas para poder ser comestibles. Divisó al fondo de una de ellas dos botellas de agua, todavía sin abrir, que se habían caído por el agujero existente entre las baldas y la pared, por lo que seguramente pasaron desapercibidas para los anteriores saqueadores.
Un pequeño ruido alertó todos los instintos de Sepulturera, dejó de buscar provisiones para atender aquel tenue sonido. La respiración entrecortada y espasmódica, inconfundible en un llanto. Sepulturera comenzó a buscar, alterada, un ser humano, hacía demasiado tiempo que había encontrado a otro tan vivo como ella, pero no lo encontraba por ningún lado. El almacén no era tan grande para que pudiese esconderse de ella, pero aun así no lograba encontrarlo: detrás de las estanterías, tiraba los armarios, empujaba cajas y abría las que estaban cerradas, barriles, esquinas, nada… Sepulturera salió del almacén y volvió a recorrer la tienda por completo, no le importaba el ruido, quería encontrar el origen del llanto.


Varios no muertos fueron atraídos por el sonido de las estanterías y armarios derribados, cristales pisados y un ser vivo en movimiento. Poco a poco, todos los cadáveres andantes de la calle se aglomeraban en las cercanías del ultramarino donde se encontraba Sepulturera. Retrocedió de nuevo hasta el almacén y cerró la puerta, encajando un armario cercano. Seguía oyendo el llanto, pero Sepulturera prestaba más atención a los ruidos que podrían oírse desde el exterior, si conseguía aguantar allí dentro lo suficiente para que los no muertos perdiesen el interés por el nuevo sonido, conseguiría sobrevivir un día más. 

4 comentarios:

  1. Me gusta mucho la historia, encgancha :)

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  2. Sepulturera que grande es!! me mola cantidubi ^^ Tengo 1 dudilla...
    1- También levantó su vestido hasta colocarlo encajado entre su muslo y un fajín repleto de dagas (colocarlo y encajado junto no te queda raro?)

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