22 ago 2014

Almas Errantes

Capítulo 6
El almacén de los ultramarinos quedó sumido en la oscuridad total, los ruidos quedaban amortiguados tras las paredes: los cristales rotos siendo destrozados por calzado de personas sin alma, los choques producidos por cuerpos sin control contra las estanterías y paredes…

Sepulturera se recostó contra el armario de la puerta, y cogió una daga con cada mano, había tomado hacía un tiempo la costumbre de pasear las cuchillas entre sus dedos, con movimientos cada vez más rápidos, para conseguir aislarse de todas las pesadillas que asolaban su mundo.
Los movimientos repetidos permitían a su cuerpo relajarse al encontrar una rutina en la que centrarse, poco a poco, iba recobrando el sentido lógico y los instintos de supervivencia.
El llanto la había provocado entrar en shock, hacía tanto tiempo que no se topaba con otro ser humano, que reaccionó de forma estúpida, creando la situación actual. Atrapada en un lugar sin ventilación, ni salida alternativa.
Sepulturera continuó buscando provisiones con las que rellenar la pequeña mochila atada a su cintura, mientras ignoraba los ruidos procedentes del exterior. Los golpes y arañazos se convirtieron en una constante fácil de evitar.

Después de media hora y unos ojos acostumbrados a la oscuridad reinante en la habitación de diez metros cuadrados, Sepulturera consiguió encontrar dos botellas de agua más, un refresco y algunas barritas caducadas no hacía mucho tiempo.
Los sollozos cesaron al quedarse atrapada en el almacén, los ruidos del otro lado de la puerta seguían sonando, Sepulturera se puso de nuevo en movimiento. Con la mochila preparada, comenzó a pensar en diferentes alternativas: salir sería una completa locura, aunque la puerta se abriese hacia el exterior, no sabía el número exacto de no muertos que podría encontrarse, si había más de cuatro, no podría contra ellos. No existían ventanas en aquella habitación, y las paredes eran lo suficiente gruesas para impedir que pudiese abrirse paso a través de ellas, por lo que solo le quedaba una alternativa.

En ese momento todo se aclaró en su mente, la losa del falso techo que había sido retirada, el repentino silencio al encontrarse encerrada en una habitación sin salida, y los sollozos continuos al encontrarse con el no muerto en la misma situación.

Sepulturera subió. El techo no estaba demasiado alto, una estantería derrumbada le permitió conseguir el camino hacia lo que le esperaba en aquel lugar. La oscuridad le impedía ver de forma clara, por lo que fuese lo que fuese que aguardaba entre el falso techo y el armazón del edificio saltaría en un parpadeo.
Lentamente, con las dos dagas desenfundadas y el vestido anudado a los muslos, Sepulturera subió.

El destello la cegó por un momento, después vino el dolor. La nariz le sangraba y palpitaba con fuerza, algo negro había pasado por delante de sus ojos y se había estrellado contra su tabique nasal, lo que provocó que cayese de forma estrepitosa sobre la estantería de acero.
El ruido provocó más golpes contra la puerta, el armario chirriaba por la fuerza producida en el lado contrario, pequeños golpes lo movían de su sitio.
Sepulturera se lazó de lado hacia el suelo, en una posición semiagachada, con el vestido rozando levemente el suelo y los músculos de las piernas cargados de tensión. Pero nada apareció. Empujó con un hombro el armario en su posición y volvió a intentarlo. Que le sangrase la nariz era una buena señal, significaba que lo que fuese que estaba escondido en aquel lugar, todavía respiraba. Solo quedaba decidir si era una opción viable o no para su supervivencia.


Sepulturera se alzó de nuevo. 

2 comentarios:

  1. sigue asi...una cosa como ata el vestido a los muslos? -.-

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  2. con el fajín, o ¿tú nunca te has hecho un pantalón con un vestido? pues así :)

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