Capítulo 6
El
almacén de los ultramarinos quedó sumido en la oscuridad total, los ruidos
quedaban amortiguados tras las paredes: los cristales rotos siendo destrozados
por calzado de personas sin alma, los choques producidos por cuerpos sin
control contra las estanterías y paredes…
Sepulturera
se recostó contra el armario de la puerta, y cogió una daga con cada mano,
había tomado hacía un tiempo la costumbre de pasear las cuchillas entre sus
dedos, con movimientos cada vez más rápidos, para conseguir aislarse de todas
las pesadillas que asolaban su mundo.
Los
movimientos repetidos permitían a su cuerpo relajarse al encontrar una rutina
en la que centrarse, poco a poco, iba recobrando el sentido lógico y los
instintos de supervivencia.
El
llanto la había provocado entrar en shock, hacía tanto tiempo que no se topaba
con otro ser humano, que reaccionó de forma estúpida, creando la situación
actual. Atrapada en un lugar sin ventilación, ni salida alternativa.
Sepulturera
continuó buscando provisiones con las que rellenar la pequeña mochila atada a
su cintura, mientras ignoraba los ruidos procedentes del exterior. Los golpes y
arañazos se convirtieron en una constante fácil de evitar.
Después
de media hora y unos ojos acostumbrados a la oscuridad reinante en la
habitación de diez metros cuadrados, Sepulturera consiguió encontrar dos
botellas de agua más, un refresco y algunas barritas caducadas no hacía mucho
tiempo.
Los
sollozos cesaron al quedarse atrapada en el almacén, los ruidos del otro lado de
la puerta seguían sonando, Sepulturera se puso de nuevo en movimiento. Con la
mochila preparada, comenzó a pensar en diferentes alternativas: salir sería una
completa locura, aunque la puerta se abriese hacia el exterior, no sabía el número
exacto de no muertos que podría encontrarse, si había más de cuatro, no podría
contra ellos. No existían ventanas en aquella habitación, y las paredes eran lo
suficiente gruesas para impedir que pudiese abrirse paso a través de ellas, por
lo que solo le quedaba una alternativa.
En
ese momento todo se aclaró en su mente, la losa del falso techo que había sido
retirada, el repentino silencio al encontrarse encerrada en una habitación sin
salida, y los sollozos continuos al encontrarse con el no muerto en la misma
situación.
Sepulturera
subió. El techo no estaba demasiado alto, una estantería derrumbada le permitió
conseguir el camino hacia lo que le esperaba en aquel lugar. La oscuridad le
impedía ver de forma clara, por lo que fuese lo que fuese que aguardaba entre
el falso techo y el armazón del edificio saltaría en un parpadeo.
Lentamente,
con las dos dagas desenfundadas y el vestido anudado a los muslos, Sepulturera
subió.
El
destello la cegó por un momento, después vino el dolor. La nariz le sangraba y
palpitaba con fuerza, algo negro había pasado por delante de sus ojos y se
había estrellado contra su tabique nasal, lo que provocó que cayese de forma
estrepitosa sobre la estantería de acero.
El
ruido provocó más golpes contra la puerta, el armario chirriaba por la fuerza
producida en el lado contrario, pequeños golpes lo movían de su sitio.
Sepulturera
se lazó de lado hacia el suelo, en una posición semiagachada, con el vestido
rozando levemente el suelo y los músculos de las piernas cargados de tensión.
Pero nada apareció. Empujó con un hombro el armario en su posición y volvió a
intentarlo. Que le sangrase la nariz era una buena señal, significaba que lo
que fuese que estaba escondido en aquel lugar, todavía respiraba. Solo quedaba
decidir si era una opción viable o no para su supervivencia.
Sepulturera
se alzó de nuevo.
sigue asi...una cosa como ata el vestido a los muslos? -.-
ResponderEliminarcon el fajín, o ¿tú nunca te has hecho un pantalón con un vestido? pues así :)
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