4 sept 2014

Almas Errantes


Capítulo 9
Sepulturera subió sin esperar a que Lobo y Einstein estuviesen preparados, si querían salir de allí tendrían que seguir su ritmo, no permitiría retrasos. Lo primero que apareció en el falso techo fue la cara redondeada de Einstein. No sabía nada de ellos, casi no podía ver su apariencia, pero si vio todas sus pertenencias. No eran demasiadas, una mochila grande, que debía pertenecer a Lobo, botellas vacías y envoltorios de comida en lata y hostelería. La pequeña mochila que se escondía tras la grande, la suciedad dejaba entre ver un dibujo animado, de los que estaban de moda antes del “día cero”. Dejó las cosas a un lado y recorrió la superficie tumbada sobre sus codos.

Se guiaba por los gemidos hambrientos de los cadáveres que se encontraban bajo ellos. El niño había subido tras ella con ayuda de Lobo, que se encontraba tras el arrastrándose de la misma forma que ella lo había hecho momentos antes, mientras que la altura del niño le permitía recorrer el trayecto de rodillas.
La pequeña mochila que Sepulturera llevaba se le clavaba en el estómago, haciendo de aquella postura algo incómodo. La oreja pegada al falso techo le permitía saber la distancia que ponía entre sus perseguidores insaciables y su nuevo grupo inútil.
Con una señal llamó a Lobo, el hombre entrecerró los ojos para poder observar los movimientos que le hacía su nueva compañera: debía tirar una de las placas cercanas a él, y así lo hizo.

Con el ruido que provocó la placa, rompiéndose en pedazos sobre la destartalada tienda, Sepulturera aprovechó para levantar la que tenía ya en las manos y salir del agujero. Sujetándose con las manos al borde del falso techo, dejó caer su peso en una voltereta, para segundos después, caer de pie y preparada para el ataque.
El vestido de nuevo rozando el suelo, las dagas ocultas bajo las numerosas telas del vuelo y la pala preparada, tensada en el cinturón.
Había muchos no muertos, el ruido que habían provocado ellos y sus compañeros los alteraba. No tardaron demasiado en darse cuenta de su presencia. La cabeza asomada de sus compañeros sobre ella, observando la escena.
Sepulturera tomó la pala entre sus manos y comenzó a golpear todas las estanterías y repisas que encontraba a su paso, creando el mayor sonido posible.
Sabía que aquello llamaría la atención de más zombis, pero tenía que conseguir que los que estaban dentro salieran, siguiendo su rastro; tambaleantes y hambrientos los no muertos comenzaron su persecución.
- Nada más salgan de la tienda, baja al niño y largaos.- Sepulturera miraba al techo y a los cadáveres que la perseguían, buscando que alguno de ellos comprendiese lo que acababa de decir. Ella los sacaría de allí, pero no iba a cuidar de ellos, acto seguido Sepulturera salió de la tienda y se perdió entre los coches. 

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