Capítulo 9
Sepulturera
subió sin esperar a que Lobo y Einstein estuviesen preparados, si querían salir
de allí tendrían que seguir su ritmo, no permitiría retrasos. Lo primero que
apareció en el falso techo fue la cara redondeada de Einstein. No sabía nada de
ellos, casi no podía ver su apariencia, pero si vio todas sus pertenencias. No
eran demasiadas, una mochila grande, que debía pertenecer a Lobo, botellas
vacías y envoltorios de comida en lata y hostelería. La pequeña mochila que se
escondía tras la grande, la suciedad dejaba entre ver un dibujo animado, de los
que estaban de moda antes del “día cero”. Dejó las cosas a un lado y recorrió
la superficie tumbada sobre sus codos.
Se
guiaba por los gemidos hambrientos de los cadáveres que se encontraban bajo
ellos. El niño había subido tras ella con ayuda de Lobo, que se encontraba tras
el arrastrándose de la misma forma que ella lo había hecho momentos antes,
mientras que la altura del niño le permitía recorrer el trayecto de rodillas.
La
pequeña mochila que Sepulturera llevaba se le clavaba en el estómago, haciendo
de aquella postura algo incómodo. La oreja pegada al falso techo le permitía
saber la distancia que ponía entre sus perseguidores insaciables y su nuevo
grupo inútil.
Con
una señal llamó a Lobo, el hombre entrecerró los ojos para poder observar los
movimientos que le hacía su nueva compañera: debía tirar una de las placas
cercanas a él, y así lo hizo.
Con
el ruido que provocó la placa, rompiéndose en pedazos sobre la destartalada
tienda, Sepulturera aprovechó para levantar la que tenía ya en las manos y
salir del agujero. Sujetándose con las manos al borde del falso techo, dejó
caer su peso en una voltereta, para segundos después, caer de pie y preparada para
el ataque.
El
vestido de nuevo rozando el suelo, las dagas ocultas bajo las numerosas telas
del vuelo y la pala preparada, tensada en el cinturón.
Había
muchos no muertos, el ruido que habían provocado ellos y sus compañeros los
alteraba. No tardaron demasiado en darse cuenta de su presencia. La cabeza
asomada de sus compañeros sobre ella, observando la escena.
Sepulturera
tomó la pala entre sus manos y comenzó a golpear todas las estanterías y
repisas que encontraba a su paso, creando el mayor sonido posible.
Sabía
que aquello llamaría la atención de más zombis, pero tenía que conseguir que
los que estaban dentro salieran, siguiendo su rastro; tambaleantes y hambrientos
los no muertos comenzaron su persecución.
- Nada
más salgan de la tienda, baja al niño y largaos.- Sepulturera miraba al techo y
a los cadáveres que la perseguían, buscando que alguno de ellos comprendiese lo
que acababa de decir. Ella los sacaría de allí, pero no iba a cuidar de ellos,
acto seguido Sepulturera salió de la tienda y se perdió entre los coches.
Sigue asi !!! :)
ResponderEliminarLo intentaré, gracias :)
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