- Si
te mueves te mato, si hablas sin permiso te mato, si haces una señal al niño, os
mato.- La voz era áspera y ronca, por el tiempo que había permanecido muda. Era
una voz extraña que se alegraba de volver a oír, pero eso nunca sería
traspasado a sus ojos.
Sepulturera
no mentía, mataría al hombre si hacía cualquier cosa que se le hubiese negado,
y después abandonaría al niño. Nació bajo una doctrina estricta: nunca amenaces
con algo que no puedes cumplir.
Ante
ella el pecho del extraño ascendía y descendía en rápidas sucesiones, mostrando
la agitación y nerviosismo, sin ser expuesta a ninguna otra forma. Al menos,
sabía controlar su cuerpo y no se creía un héroe. La nuez de Adán bajó de
manera brusca, y Sepulturera notó la incomodidad de aquel hombre.
- ¿Quiénes
sois?
- Lobo…El
niño es Einstein.- Su voz era profunda y serena, escondía bien la tensión que
dejaba traslucir en su cuerpo.- Oye…noso…
Sepulturera
apretó el cuchillo sobre la garganta del hombre. No le había pedido más
explicaciones, debía guardar silencio.
- No
te equivoques de nuevo. La siguiente te cortaré de oreja a oreja.- Si la
escasez de luz hubiese permitido ver la mirada de Sepulturera, el hombre habría
tragado de nuevo.- ¿Cuánto tiempo lleváis aquí?
- No…no
lo sé, tal vez cuatro o cinco días.
Sepulturera
apartó el cuchillo lentamente y se alejó del hombre y de la estantería.
Caminaba de forma pausada, pensando que hacer.
Sin
duda el hombre sabía mantener la calma, pero había pasado demasiado tiempo
escondido como para que supiese mantenerse con vida el solo frente a un solo no
muerto. También cabía la posibilidad de que no hiciese nada para mantener a
salvo al niño, a Einstein, pero seguía sin comprender por qué durante tanto
tiempo. Tampoco había pensado otra forma de escapar, y que el no muerto
siguiese dentro del almacén significaba que el niño era un problema, el miedo
no le permitía guardar silencio, seguramente los sollozos amortiguados se
debían a que el hombre le tapaba la boca.
Sepulturera
debía tomar una decisión, miró hacia el hombre, que estaba bajando al niño del
falso techo. Los golpes tras la puerta se mantenían, habían formado demasiado
alboroto, tardarían bastante tiempo en cansarse de aporrear la puerta, y el
ruido que producían los propios no muertos atraerían a más de sus compañeros,
tenía que salir de allí cuanto antes.
Sepulturera
cogió la pala que se mantenía apoyada en las puertas del armario, hizo otra
revisión del almacén, en busca de más alimentos perdidos o botellas de agua o
cualquier otro producto que pudiese beber. Las bebidas energéticas escaseaban
aún más que el agua. Mientras rebuscaba mantenía un ojo sobre el grupo. Seguía
sin conocer la respuesta a la pregunta, ¿debía llevarlos consigo o volver sola?
Estaba segura de que si se marchaba sola el hombre no se marcharía de aquel
almacén hasta que los no muertos abandonasen la tienda, y no creía posible que
tuviesen los suficientes alimentos y bebidas para poder mantenerse con vida
hasta aquel momento, por tanto dejarlos allí significaba dejarlos morir. Pero
no quería cargar con dos personas que no podían mantenerse vivas.
Después
de media hora de revisión exhaustiva del almacén bajo la mirada penetrante del
hombre, que mantenía abrazado al niño sobre sus piernas, Sepulturera había
tomado una decisión.
- Si
tenéis algo que coger, hacedlo, y seguidme. Os sacaré de aquí.
- ¿Pretendes
salir por la puerta y matar a todos esos no muertos con una pala?- La voz del
hombre sonaba más segura que momentos antes, cuándo tenía un cuchillo apretando
su garganta. El sarcasmo que denotaban sus palabras molestaba a Sepulturera.
- Tal
vez es que no he pensado bien en la situación…veamos, en este almacén solo
quedan estanterías vacías y objetos de plástico que hasta ayer, no podía
digerir como comida. Vuestras mochilas, si es que lleváis después de cuatro o
cinco días escondidos, deben estar si no vacías, a punto de agotar sus
provisiones, y hasta hace unos cuarenta minutos se hallaba en este mismo lugar
un cadáver andante sediento del mocoso y de un hombre arrogante. Tal vez salir
de este lugar no sea la mejor opción, pero morir de hambre tampoco me parece
una gran idea. Además tenías una salida desde que entrasteis en esta habitación
y ni siquiera os habéis dado cuenta, para llamarse Einstein, no parece muy
listo, pero se le perdona porque tendrá… ¿cinco años?, en cambio el Lobo
solitario tenía tal pánico en el cuerpo que prefería abrazarse a un enano que echarle
huevos y salir adelante.- La voz de Sepulturera era tranquila, pero se notaban
retazos de cólera en demasiadas palabras.
Sepulturera
comenzó a caminar, bajo la mirada atenta y el miedo de un niño de cinco años.
El hombre no dijo nada más, solo se limitó a bajar a Einstein de su regazo y
coger sus cosas. No sabía si había tomado la decisión correcta, pero si debían
morir, no sería de hambre, los mataría ella misma.
Me encanta la actitud de Sepulturera en esta parte de la historia, le echa lo que viene siendo un par de ovarios bien gorditos. A ver si sale el siguiente capitulo de la chachi pelea de los no muertos ^^
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