3 sept 2014

Almas Errantes

 Capítulo 8
- Si te mueves te mato, si hablas sin permiso te mato, si haces una señal al niño, os mato.- La voz era áspera y ronca, por el tiempo que había permanecido muda. Era una voz extraña que se alegraba de volver a oír, pero eso nunca sería traspasado a sus ojos.
Sepulturera no mentía, mataría al hombre si hacía cualquier cosa que se le hubiese negado, y después abandonaría al niño. Nació bajo una doctrina estricta: nunca amenaces con algo que no puedes cumplir.

Ante ella el pecho del extraño ascendía y descendía en rápidas sucesiones, mostrando la agitación y nerviosismo, sin ser expuesta a ninguna otra forma. Al menos, sabía controlar su cuerpo y no se creía un héroe. La nuez de Adán bajó de manera brusca, y Sepulturera notó la incomodidad de aquel hombre.
- ¿Quiénes sois?
- Lobo…El niño es Einstein.- Su voz era profunda y serena, escondía bien la tensión que dejaba traslucir en su cuerpo.- Oye…noso…
Sepulturera apretó el cuchillo sobre la garganta del hombre. No le había pedido más explicaciones, debía guardar silencio.
- No te equivoques de nuevo. La siguiente te cortaré de oreja a oreja.- Si la escasez de luz hubiese permitido ver la mirada de Sepulturera, el hombre habría tragado de nuevo.- ¿Cuánto tiempo lleváis aquí?
- No…no lo sé, tal vez cuatro o cinco días.
Sepulturera apartó el cuchillo lentamente y se alejó del hombre y de la estantería. Caminaba de forma pausada, pensando que hacer.
Sin duda el hombre sabía mantener la calma, pero había pasado demasiado tiempo escondido como para que supiese mantenerse con vida el solo frente a un solo no muerto. También cabía la posibilidad de que no hiciese nada para mantener a salvo al niño, a Einstein, pero seguía sin comprender por qué durante tanto tiempo. Tampoco había pensado otra forma de escapar, y que el no muerto siguiese dentro del almacén significaba que el niño era un problema, el miedo no le permitía guardar silencio, seguramente los sollozos amortiguados se debían a que el hombre le tapaba la boca.
Sepulturera debía tomar una decisión, miró hacia el hombre, que estaba bajando al niño del falso techo. Los golpes tras la puerta se mantenían, habían formado demasiado alboroto, tardarían bastante tiempo en cansarse de aporrear la puerta, y el ruido que producían los propios no muertos atraerían a más de sus compañeros, tenía que salir de allí cuanto antes.

Sepulturera cogió la pala que se mantenía apoyada en las puertas del armario, hizo otra revisión del almacén, en busca de más alimentos perdidos o botellas de agua o cualquier otro producto que pudiese beber. Las bebidas energéticas escaseaban aún más que el agua. Mientras rebuscaba mantenía un ojo sobre el grupo. Seguía sin conocer la respuesta a la pregunta, ¿debía llevarlos consigo o volver sola? Estaba segura de que si se marchaba sola el hombre no se marcharía de aquel almacén hasta que los no muertos abandonasen la tienda, y no creía posible que tuviesen los suficientes alimentos y bebidas para poder mantenerse con vida hasta aquel momento, por tanto dejarlos allí significaba dejarlos morir. Pero no quería cargar con dos personas que no podían mantenerse vivas.

Después de media hora de revisión exhaustiva del almacén bajo la mirada penetrante del hombre, que mantenía abrazado al niño sobre sus piernas, Sepulturera había tomado una decisión.
- Si tenéis algo que coger, hacedlo, y seguidme. Os sacaré de aquí.
- ¿Pretendes salir por la puerta y matar a todos esos no muertos con una pala?- La voz del hombre sonaba más segura que momentos antes, cuándo tenía un cuchillo apretando su garganta. El sarcasmo que denotaban sus palabras molestaba a Sepulturera.
- Tal vez es que no he pensado bien en la situación…veamos, en este almacén solo quedan estanterías vacías y objetos de plástico que hasta ayer, no podía digerir como comida. Vuestras mochilas, si es que lleváis después de cuatro o cinco días escondidos, deben estar si no vacías, a punto de agotar sus provisiones, y hasta hace unos cuarenta minutos se hallaba en este mismo lugar un cadáver andante sediento del mocoso y de un hombre arrogante. Tal vez salir de este lugar no sea la mejor opción, pero morir de hambre tampoco me parece una gran idea. Además tenías una salida desde que entrasteis en esta habitación y ni siquiera os habéis dado cuenta, para llamarse Einstein, no parece muy listo, pero se le perdona porque tendrá… ¿cinco años?, en cambio el Lobo solitario tenía tal pánico en el cuerpo que prefería abrazarse a un enano que echarle huevos y salir adelante.- La voz de Sepulturera era tranquila, pero se notaban retazos de cólera en demasiadas palabras.

Sepulturera comenzó a caminar, bajo la mirada atenta y el miedo de un niño de cinco años. El hombre no dijo nada más, solo se limitó a bajar a Einstein de su regazo y coger sus cosas. No sabía si había tomado la decisión correcta, pero si debían morir, no sería de hambre, los mataría ella misma.

1 comentario:

  1. Me encanta la actitud de Sepulturera en esta parte de la historia, le echa lo que viene siendo un par de ovarios bien gorditos. A ver si sale el siguiente capitulo de la chachi pelea de los no muertos ^^

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