Capítulo
4
Limpió
la pala en la chaqueta sucia de la mujer a la que había destrozado la cabeza.
Las
manchas de sangre seca estaban pegadas al acero de la pala a causa del tiempo
que había transcurrido desde que la tomó entre sus manos. El mango del arma
tuvo que ser remplazado varias veces, a causa de las astillas o la rotura como
consecuencia de numerosos golpes. Ahora este, estaba recubierto por numerosas
vendas que permitían a Sepulturera asir el mango con fuerza sin miedo a que se
formasen heridas o clavasen astillas.
Sepulturera
tenía los nudillos blancos por la fuerza aplicada en el agarre de la pala, pero
tres cadáveres formaban una fila irregular, en aquel callejón oscuro, completamente
inertes, como deberían estar los muertos.
Su
respiración era agitada a causa del movimiento y la adrenalina. Controló su
respiración y aflojó las manos para colocar de nuevo en su espalda la pala.
Sepulturera
salió del callejón.
Había
andado unos diez minutos, ahora la barricada quedaba a su espalda, levantándose
varios cuerpos por encima de ella, mientras que la tienda de ultramarinos se
encontraba a su izquierda. La calle estaba casi vacía de vehículos, estaba
claro que eran aquellos automóviles los que habían sido usados para construir
el muro de contención contra la muerte. Pero también había sido evidente la
falta de éxito que tuvieron, algunos zombis caminaban, como sonámbulos por la
calle, la mitad de ellos estaban sumidos en su sueño sin sueños, y otros
estaban tumbados, seguramente con un tiro en la cabeza, o con falta de ella.
Sepulturera
caminó hacia el escaparate de la tienda, en busca de alguna señal que la
alertase de la proximidad de algún otro no muerto; la cristalera estaba rota,
como en la mayoría de los comercios, y la puerta reventada. Sepulturera entró
por esta última.
Los
cristales sonaban bajo el peso de sus botas de montaña, y eran arrastrados por
el vuelo de su vestido. La luz estaba apagada, hacía mucho que habían cortado
todos los suministros, lo que provocó la segunda peor oleada para aquella
ciudad: los carroñeros, aquellas personas que desvalijaban cualquier lugar,
privado o público que pudiesen encontrar, para saquear todo lo posible.
Sepulturera
entró de forma pausada, parándose y mirando tanto tiempo hacia atrás como lo
que tenía delante, divisando cada cuerpo sin vida que ocupaba su campo de
visión e intentando encontrar a los que no lo hacía.
Las
estanterías estaban tiradas o desvalijadas, cosas inútiles se hallaban tiradas
en el suelo, dónde pudo conseguir una pequeña riñonera, en la que podría cargar
sus pocas provisiones. Pero allí no había una sola botella de agua o
chocolatina que llevarse a la boca. Sepulturera no desistió, revolvió cada
estante, siempre atenta al escaparate y la puerta abierta de par en par que se
encontraban a su espalda, mientras buscaba algún alimento o bebida que poder
tomar. La tienda tenía forma de “L”, Sepulturera se acercó hacia el fondo,
encontrando una puerta de la que colgaba un cartel que indicaba que solo estaba
permitido el personal de la tienda. Sepulturera quitó el cartel, odiaba no
cumplir las normas incluso en aquella ciudad sin ley. El cruel silencio volvió
a invadir sus oídos, permitiendo escuchar lo que se encontraba detrás. Una débil
respiración, los no muertos soltaban gases continuamente debido a que ingerían
cada poco tiempo alimento que no podían digerir. Sepulturera agarró su pala con
la mano derecha, y el pomo de la puerta con izquierda.
Y entonces la abrió.
Tengo varias dudas; 1: que es asir? 2: el segundo párrafo a partir de Sepulturera tenía los nudillos blancos hasta el primer punto no lo entiendo exactamente, que tiene que ver una cosa con otra?
ResponderEliminarPD: no me hace gracia que me dejes con la intriga perra!! me gusta mucho la historia ^^
1: Asir es coger algo
ResponderEliminar2: Me refiero a que la tensión de ese momento, que había provocado que agarrase con demasiada fuerza la pala, había provocado que consiguiese vencer a los tres zombis.
Y muchas gracias (: