Capítulo
2
Sepulturera
había tomado una decisión, todos aquellos años que había pasado entrenándose la
dotaron de rapidez mental y física. Los músculos respondían de forma eficiente,
haciendo posible el mínimo uso de la energía que necesitaba.
Los
pasos eran decisivos, no podría pasar aquella barricada, pues era demasiado
alta y los riesgos eran demasiado elevados, por lo que debería recorrer dos
calles que se encontraban a su derecha, dando un rodeo a la manzana para
recorrer un callejón que se pasaba entre diferentes tiendas.
La
mirada de Sepulturera pasaba rápido, investigando y reconociendo el terreno en
busca de algún peligro; pero no encontró ninguno. Los coches por aquella zona
se contaban en menor número debido a que era una calle secundaria poco transitada
aun teniendo numerosas tiendas, pensó que era por la rápida huida por la que
habían optado todos los habitantes para salvar sus vidas, sin pensar que
millones de personas pensarían de igual forma.
Recordó
los primeros momentos, desde la ventana de su habitación, oía los gritos y los
claxon; el pánico había recorrido veloz la larga sucesión de automóviles, el
miedo se apoderaba de las personas, que provocaron la formulación de decisiones
estúpidas: muchos salían de sus coches, otros optaban por accionar el claxon,
como si aquel ruido infernal fuese a solucionar el problema de la inmovilidad
del tráfico. Algunas personas estaban ya infectadas, sacaban sus brazos y
cabezas, alargándose lo máximo que les permitía el cinturón de seguridad, otros
simplemente arrastraban sus cuerpos inertes fuera del vehículo para levantarse
tambaleantes y atrapar en un abrazo mortal a las personas indefensas y
temerosas que aparecían a su lado.
Algunos
familiares se ataban a los no muertos, incapaces de dejarlos atrás, intentando
creer que aquella pesadilla tendría algún final, que sus queridos amigos,
maridos, mujeres o hijos podrían ser curados.
Algunos,
subían a sus coches y aclamaban a los cielos piedad y perdón por los actos que
habían cometido en sus vidas, en un vano intento de calmar su temor, mientras
los no muertos aporreaban el capó y el techo del coche, haciendo una fila que
se convertía en una escalera para los últimos en llegar y los primeros de
disponer un plato caliente que llevarse directos a la boca.
Todas
las escenas se agolpaban a la vez en la cabeza de Sepulturera, la respiración
controlada impedía que llorase o gritase, la carrera que se concentrase en
ellos, y los gemidos de sus compañeros que perdiese la concentración de lo que
tenía delante.
Había
llegado al callejón en menos de diez minutos, con la respiración entrecortada
que intentaba calmarse a pasos acelerados. Sepulturera agarró la pala que tenía
a su espalda, la misma que había utilizado en tantas otras ocasiones, y se
preparó para aplastar los cráneos de aquellos no muertos que se encontraban en
el camino a su salvación.
Un
grupo de tres zombis se encontraban en lo profundo del callejón, tambaleantes y
quietos, a la espera de un movimiento o un ruido que les alertase de una presa
a la que acechar. El más cercano se encontraba a cinco metros de Sepulturera,
le faltaba la mandíbula inferior, y su brazo derecho caía inerte a su costado,
bamboleante por el movimiento. Uno de sus compañeros se encontraba mirando de
frente a un contenedor industrial, con la cabeza colgando de un cuello partido,
y unas costillas siempre visibles bajo una camiseta desquebrajada. Y el último
era una mujer, había vestido unos pantalones negros y una chaqueta de trabajo
de una tienda cercana, y ahora se encontraba gimiendo, con media cabellera
suelta y una sonrisa perpetua por la falta de su labio superior.
Sepulturera
dio el primer paso y todo volvió a comenzar.
"la carrera que se concentrase en ellos" esa frase no entendí muy bien
ResponderEliminarBueno, pues se refiere a los recuerdos, la carrera impedía que su cerebro se centrase en los recuerdos de los primeros días de la infección.
Eliminar¿Se entiende ahora? No se si me he explicado bien o no, lo siento.