12 ago 2014

Almas Errantes

Capítulo 1
El batir de las alas, el susurro de los carroñeros, el silencio inmortal y los gemidos de almas torturadas.
El tiempo se había detenido en el “día cero”, las horas se almacenaban en días, los días se juntaban en semanas y las semanas en meses, nadie sabía realmente el tiempo que trascurrió desde el incidente.
Los primeros momentos de caos nadie prestó atención; las muertes eran escasas y la enfermedad extraña, nadie pensó que serían los siguientes, pero la mentira trae consigo la desesperación.
Las noticias mantenían al pueblo en una sosegada tranquilidad, sin información, sin previsión de futuro… no pudieron salvar a más de cientos. Los paranoicos, los extraños, los aislados de la sociedad fueron los que consiguieron sobrevivir a las primeras oleadas. El miedo a ser encontrados, a morir, a desaparecer, les hacía mantenerse con vida por más tiempo, a los llamados extraños, escombros de la sociedad, la basura social, fue quien consiguió sobrevivir ante el caos, el miedo, la desesperación y la muerte.

La noche había vencido y el sol aparecía tímido entre los coches de la gran ciudad. La respiración entrecortada se desdibujaba en el aire a causa del frío de la mañana, las ropas pegadas al cuerpo estaban manchadas de restos de sangre seca, coágulos y carne en proceso de descomposición. La pala colgaba en su espalda, balanceándose tras el movimiento rápido de sus piernas. La carrera silenciosa en medio de la noche había permitido mantenerla caliente, pero ahora tenía hambre, Sepulturera había tenido que tirar la mochila en una carrera desesperada al encontrarse con una pequeña horda de no muertos, por lo que no tenía comida ni bebida.
Sigilosa y concentrada, los ojos de color negro estaban concentrados en el camino que debía recorrer: la mayoría de los coches se hallaban torcidos en la carretera, accidentados unos sobre otros, volcados o en llamas, otros, todavía contenían a sus ocupantes, gimiendo en su interior atados al cinturón de seguridad, otros colgaban de las ventanas, con el cráneo aplastado o con un agujero de bala. Los que todavía quedaban vivos golpeaban con manos ensangrentadas los cristales para intentar atrapar la estela del vestido de Sepulturera, pero ella ignoraba a aquellas criaturas.
Sepulturera se paró, a unos cincuenta metros la calle se encontraba cortada por una barricada, creada por coches, contenedores y todo lo que las personas habían conseguido apilar en el poco tiempo del que dispusieron.
La tienda de alimentación se encontraba detrás de aquella barricada, necesitaba la comida, pero sobretodo necesitaba hidratarse. La carrera había durado toda la noche y los labios se habían cortado por el frío y la falta de agua, tenía que encontrar una solución pronto.

Los gemidos pútridos de los no muertos, el susurro de las alas batiéndose, el silencio inmortal que predominaba en la gran ciudad, todo aquello la impedía concentrarse, hacía unas semanas había encontrado un mapa de la ciudad en una de las bibliotecas de la localidad en la que se encontraba en ese momento, y estudió todas las calles y callejones de aquel territorio, pero no podía recordar. Los gemidos y el aleteo de los pájaros le recordaban a su familia, quien acudía a su mente en vez de las calles que debía recordar. No podía pensar. Sepulturera cerró los ojos y respiró, una, dos, tres veces, hasta que consiguió calmarse, olvidarse de su pasado, de su vida, de todo aquello que le había importado en algún momento de sus 20 años… y se puso en movimiento. 

2 comentarios:

  1. Te compro los derechos copyright de "el silencio inmortal". Me imagino la frase temblando en una animacion 3D. :3 Cédemela.
    Y, bueno. ¿Para cuándo más?

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  2. Jajajajajaja, ¿por cuanto compras?
    Pues supongo que cada dos días, vamos, hoy no, mañana tendrás otro capítulo (:

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